PLASTIKI
SIGUIENDO LA ESTELA DE LA KON TIKI
Recordarán la hazaña del legendario navegante noruego Thor Heyerdahl cuando, en 1947 cruzó el Pacífico en una balsa de madera, para demostrar que los incas podían haber sido los ascendientes de muchas de las civilizaciones que pueblan las islas de ese océano. Tardaron 101 días en navegar las 4.300 millas que separan el puerto del Callao de la isla de Raroia, en las Toamotu.
Su nieto, Olav Heyerdahld, se unió a David de Rothschild, ambos de 31 años, en el proyecto Plastiki, para emular una hazaña de similares dimensiones, pero navegando entre San Francisco y Australia sobre un catamarán construido con botellas de plástico y otros materiales reciclables, en una distancia de más de 8.300 millas. Su propósito, llamar la atención del mundo sobre la terrible polución que flota en los mares, especialmente, en forma de plásticos.
De los 230 millones de toneladas de plástico producidos anualmente en la tierra, el 90% no se recicla. Cerca del 60% de la polución marina está constituida por trozos de plástico. Por su culpa, mueren cerca de 100.000 mamíferos al año, y más de un millón de aves; albatros, cormoranes y otras especies migratorias. Solo en el ecuador del Pacífico hay una extensión de 34 millones de kilómetros cuadrados de bancos tóxicos, compuestos, en su mayor parte, por trozos de plástico de variada procedencia.
Para realizar tamaña proeza, juntaron 12.500 botellas recicladas de Secretex, un propileno reforzado descubierto en los años sesenta por la química DuPont, y que en nuestros días recibe en el mundo náutico el nombre de Mylar, con el que, por ejemplo, se confeccionan velas. Estas botellas son las utilizadas para las aguas gaseosas y las sodas, pues deben ser capaces de aguantar una presión de 10 bares.
La ingeniería naval corrió a cargo de Arquitectos para la Humanidad, un grupo de técnicos medioambientales entre los que destacan Michael Pawlyn, dueño de la firma californiana Adventure Ecology, y Andy Dovell, a los que David y Olav les pusieron contra las cuerdas cuando exigieron que las botellas se debían ver desde la parte externa de la embarcación. Por lo que diseñaron un esqueleto de metal hueco, en el que colocaron los paquetes de botellas de plástico que daban la flotabilidad, pegadas con una cola ecológica fabricada a base de caña de azúcar y resina de madera.
Emplearon 120.000 horas para dar forma a un catamarán de 18,28 metros de eslora -60 pies- por 6,30 de manga. Con un calado de 1,5 metros y un desplazamiento de 12 toneladas, le instalaron dos palos realizados con tubos de riego reciclados, y unas velas de Mylar obtenidas de recuperar otras. Sobre su obra muerta colocaron un puente de paneles traslúcidos reciclables, en la que instalaron unas hamacas y redes para almacenar comida y objetos. La energía para la radio y el ordenador la obtenían de placas solares,dos aerogeneradores, otro de agua, y una bicicleta provista de una dinamo que, utilizaron, sobre todo, para hacer ejercicio. No llevaban piloto automático, ni la mayor parte de las sofisticaciones náuticas que hay en el mercado. Comieron alimentos liofilizados, y racionaron el agua que llevaban a bordo y la que obtenían de la lluvia, al no haber querido instalar una potabilizadora
Zarparon de San Francisco, en los Estados Unidos, el 29 de marzo del 2010, y llegaron a Sydney, en Australia, el 27 de agosto del mismo año, tras pasar en la mar 129 días. Como no llevaban orzas ni derivas, el singular catamarán sólo podía navegar con rumbos muy abiertos. Nada más zarpar, les sorprendió un fuerte temporal que, Jo Royle, la única mujer a bordo de los 5 tripulantes, y que llevaba la navegación, no pudo evitar. Pasaron varios días a la deriva torturados por los movimientos caóticos del ingenio náutico, acompañados por el horrible ruido que producían las botellas de plástico al presionar unas contra otras. Mareos, y más tarde desesperación, pues al ansiado Alisio no hizo acto de presencia, y se movieron durante muchas jornadas a unos desesperantes 1.5 nudos.
Hicieron una escala en las islas Kiribati, tras 39 días de navegación. Y resistieron un temporal con vientos de 60 nudos entre Noumea y Australia. La media de la travesía fue de 3,7 nudos. Llegaron en perfecto estado de salud, logrando una repercusión mediática de 1.119.332 visitas sobre su página web, HYPERLINK “http://www.theplastiki.com” www.theplastiki.com. Las 10.400 fotos que editaron fueron vistas medio millón de veces. Y su repercusión medioambiental ha pasado a formar parte de los programas de estudio sobre esta materia, aportando datos trascendentales, como que, la fabricación de objetos con materiales reciclables, en nada les priva de una gran duración y resistencia.
Con su hazaña lograrían dos impresionantes marcas de navegación: la vivida sobre la mar, y la que realizamos por el -ciberespacio- los más de un millón de personas que les seguimos por Internet. Proyectos como este, demuestran que nuestro mundo marino también puede tener un futuro ecológico y espléndido, si nos dejamos guiar por la imaginación y la inteligencia; en definitiva, por la excelencia.
