MARINOS DE LA PREHISTORIA

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 30-01-2020

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Marinos del Paleolítico

Durante cinco años he estado trabajando en mi nuevo libro, Marinos del Paleolítico, en el que trato de acercar a la gente

la historia de las embarcaciones prehistóricas, aquellas que construyeron unos antepasados nuestro que vivieron hace 10.000 años, y que utilizaban para desplazarse por las aguas contiguas a su lugares de residencia, extendidos por Europa, África y Asia.

Es verdad que los humanos, tal como han certificado los mejores arqueólogos del mundo, nos movimos sobre el agua hace 700.000, pues las herramientas líticas encontradas en varias islas del mundo dejaron claro que los homos que las fabricaron solo pudieron llegar hasta ellas cruzando extensiones moderadas de agua embarcados en rudimentarias balsas armadas con troncos y lianas. El análisis de cómo se pudo llegar a Australia, isla de Flores o Creta constituye otro de los aspectos de mi estudio, basado en mi experiencia marinera.

Pero es que además, las embarcaciones que no podemos encontrar de forma palpable como la canoa de Pesse o los barcos griegos, romanos o vikingos, podemos hallarlos en las paredes de muchas cuevas, datados en cerca de treinta mil años de antigüedad.


Un mundo apasionante que nos muestran el desarrollo de los barcos hasta el siglo XV; un periodo de tiempo que nadie ha estudiado demasiado y que por el contrario ha dejado evidencias maravillosas en forma de canoas y embarcaciones de muy variadas formas y tamaños, que se conservan en recónditos museos, por desgracia muy poco visitados y dados a conocer.

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 24-01-2020

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LA SENTENCIA DE LA OPERACIÓN BAHÍA

Hace unas semanas la Audiencia Provincial de Cádiz, tras catorce años de instrucción en la que los políticos dijeron encontrarse ante otro de los más graves expolios perpetrados en aguas españolas tras el escándalo que supuso el expolio de la compañía Odyssey, por fin se celebró el juicio y se dictó sentencia: 540 euros a cada imputado; lo curioso es que la fiscalía pedía varios años para algunos de los diecisiete procesados, que habían sido perseguidos sin piedad por la Unidad Operativa de la Guardia Civil. Según la magistrada ponente “el valor de lo expoliado solo ascendía a 800 euros, por lo que no se podían fijar otra pena para ninguno de ellos”

Sin embargo, si retrocedemos en el tiempo hasta 2006, cuando la Guardia Civil abordó el buque Louisa, amarrado en el Puerto de Santa María desde donde ponían en marcha las operaciones de expolio, y en la conferencia de prensa que dieron los policías acompañados por la inefable directora del Centro de Arqueología de Cádiz, Carmen García, se enuncio “una gran operación con implicados muy importantes”. Pero en realidad solo se trataba de tapar el vergonzoso caso Odyssey, cuyos permisos para rebañar los fondos patrios los concedió la tal García y el director para las relacionas con Estados Unidos y Europa: otro sociata de dudosa conducta que fue expulsado de la carrera diplomática por acosar a una empleada cuando era embajador de España en Austria, llamado José Pons: mallorquín del PSOE, hermano del que fuera Presidente del Congreso, y compañero de partido en la Isla de otro tipo cuestionable , Mesquida, que justo en ese momento era el Director de la Guardia Civil, y que se pasó a Ciudadanos cuando ya nadie lo quería en su partido. Qué casualidad, verdad.

Esta banda persiguió y trató de hundir la reputación de dos impecables Guardias Civiles: el capitán Manuel Naarro, cien veces condecorado por su trabajo, al que los jueces ni siquiera quisieron interrogar a pesar de las acusaciones de sus compañeros de la UCO, y un mecánico naval, al que también machacaron, y que ha sido  ABSUELTO.

Otro de los objetivos fue un enemigo de García, Claudio Bonifacio, historiador, escritor y especialista en naufragios desde hace cuarenta años al que requisaron todos sus archivos tras haber trabajado siempre en base a permisos oficiales del Archivo de Indias de Sevilla. A pesar de las solicitudes de sus abogados, no le han devuelto sus documentos. Ha sido condenado a solo 540 euros, tras pasar por la cárcel y sufrir un acoso insoportable y el desvalijo de su vivienda.

Luis Valero de Bernabé, conocido empresario de la mar, también fue acusado de varios delitos, detenido, confiscados bienes de su propiedad y encarcelado; sin embargo también ha sido condenado al pago de tan solo 540 euros, tras catorce años de tormentos.

Y diferentes funcionarios de varios ministerios a la misma multa, tras detenerles y tirar abajo su oficinas por haber dado unos permisos cuestionables, pero no delictivos.

En lo que a mí se refiere, también la UCO trató de implicarme por Violación de Secretos, cuando era yo quien daba a la Guardia Civil de la Mar las posiciones de todos los robaperas que navegaban por las costas españolas. Pero los magistrados que me interrogaron no apreciaron ningún delito en mi actitud, sino todo lo contrario. Además la UCO pidió permiso para asaltar mi vivienda particular como si se tratase de un peligroso delincuente, hecho que por fortuna el juez no permitió.

En fin, detrás de todo esto el PSOE y su buenista gente; ese partido hoy asociado a golpistas, separatistas, asesinos y teóricos estúpidos comunistas, que ahora además pretenden educar a los hijos de todos los españoles, ya que según ellos no pertenecen a sus padres; pertenecen al Partido, como en la desmontada Unión Soviétiva. Sin embargo solo recordar la foto de Zapatero con Obama en la Casa Blanca apareciendo con su hijas vestidas de góticas me dejó muy claro cuál era el resultado de apadrinar tanta libertad.

El tiempo acaba por dar la razón al que la tiene; lo malo es que mientras tanto estos estúpidos, arribistas de poder y canallas siguen estando por ahí, al tiempo que van destrozado la vida de muchos.


LA PRUEBA IRREFUTABLE

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 17-08-2015

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Han pasando ya unos meses desde que la empresa Odyssey Marine tuvo que devolver el botín expoliado a los españoles, tras CATORCE AÑOS de tomar el pelo a nuestra Administración, navegando por nuestro mar Territorial. Sin embargo, gracias a las denuncias de prácticamente todos los medios de comunicación españoles y extranjeros, pudimos recuperar parte de lo robado.

Pues bien: las mentiras vertidas por el Gobierno y sus cómplices empiezan a ser evidentes. Hace unos días, los técnicos que continúan limpiando las  aproximadamente 500.000 monedas  recuperadas en los Estados Unidos, filtraron esta foto que acompaño, en la que se puede observar uno de los ordenadores oficiales, en los que van introduciendo los datos que obtienen de cada moneda que ha sido ya limpiada.

En él, y en la mano de una operaria, aparece una moneda de Carlos IV,

QUE TIENE GRAVADA LA FECHA 1808

Esto significa que, si dichas monedas, como asegura el Gobierno y su banda de cómplices, pertenecen a la Fragata Mercedes, que naufragó en 1804, que expliquen cómo podía llevar a bordo una moneda

ACUÑADA CUATRO AÑOS MÁS TARDE

Poco a poco, la verdad va saliendo de forma irrefutable, y aquellos que se arrogaron en salvadores de la patria arqueológica, deberán meter la cabeza entre las piernas, si todavía les queda algo de dignidad.

En próximas fechas tendremos más pruebas irrefutables del engaño que nos vendieron.

EXPEDIENTE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 08-05-2013

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LA ESTUPIDEZ. ALIADA CON LA CRUELDAD Y LA CODICIA. PROVOCA MUCHAS BARBARIES. EL MISTERIO DE LA ESTUPIDEZ ES TAN HONDO COMO EL DE LA CRUELDAD; A VECES LAS DOS SE ALÍAN ENTRE SÍ. PARA LA ESTUPIDEZ Y SUS DOS CÓMPLICES MAYORES, LA CRUELDAD Y LA CODICIA, NO SABE UNO QUÉ REMEDIO PODRÍA SER ÚTIL, NI QUÉ MODO HABRÍA DE PONERLE LÍMITE.

HACE BASTANTES AÑOS EMPECÉ A DESCUBRIR, NO SIN ASOMBRO, QUE CUANDO UN ESCRITOR SE MALOGRA O SE PIERDE NUNCA ES A CAUSA DE LA NECESIDAD, SINO DE LA CODICIA. LA NECESIDAD ESTÁ EN MUCHOS DE LOS DESASTRES QUE ORGANIZAMOS LOS HUMANOS, PERO ME TEMO QUE LA CODICIA ES LA RESPONSABLE DE MUCHOS MÁS, AUNQUE CADA VEZ LO QUE ME DAS MÁS MIEDO ES LA INMENSA FUERZA DESTRUCTIVA DE LA ESTUPIDEZ.

Antonio Muñoz Molina.

LAS NUEVAS MENTIRAS DE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 06-04-2013

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Es una desvergüenza que algunos medios de prensa continúen dando soporte a la falacia de que las monedas recuperadas a los piratas de Odyssey pertenecen a la fragata Mercedes: no hay una sola prueba de ello, a no ser las mentiras y embustes de quienes deberían haber respondido con sus cargos e imputaciones penales por los muchos expolios perpetrados por la empresa Odyssey.

Sin embargo, es todavía más esperpéntico que el Museo Naval de Madrid esté construyendo una réplica de la nunca encontrada fragata Mercedes, como sin con ello se perpetuaran sus aseveraciones. No es de recibo que una institución científica, cuyos objetos asumen al valor que ostentan gracias a que están soportados por la historia cierta y veraz, se haya tirado por el camino del medio dando pábulo a rumores, pruebas incompletas y opiniones políticas sustentadas, como casi siempre, en el mantenimiento de la silla a toda costa por parte de quienes propiciaron que nos robasen durante más de diez años.

Ahora, Odyssey da un nuevo giro de tuerca anunciando una exposición en Tampa en la que presentarán objetos que dicen extrajeron en 1.989 de dos barcos españoles expoliados en aguas de los cayos de Florida próximas a las Islas Tortuga.

Sin embargo, vuelven a MENTIR, en esa conducta patológica en la que se empeñan tratando de tapar los muchos expolios cometidos en aguas españolas. Pues, la VERDAD DOCUMENTADA de lo que dicen es otra muy distinta: el oro, la plata y las joyas que Stemm y Norris expoliaron de aquel navío español entre 1989 y 1992 las tuvieron que vender con celeridad para pagar a sus muchos acreedores, tras invertir DIEZ millones de dólares para rescatar un patrimonio que apenas alcanzó un valor de TRES. -documentos de la época adjuntos-

La SEC, la reguladora del mercado bursátil norteamericano les abrió un expediente por presunto fraude a los accionistas, tras el vergonzoso desfase existente entre los ingresos y gastos de la operación. -adjuntos documentos-.

En principio utilizaron el tristemente famoso barco Seahawk, con el que empezaron los expolios en las costas de la Línea y Sotogrande en 1998 y 1999. Pero tuvieron que arrendar otro más grande que pudiera darles la cobertura en la mar que necesitaban. Se llamaba también Seahawk Retrovier. -foto adjunta-.

Fue una catástrofe de negocio con el que los dos piratas, por muy poco, no terminaron entre rejas. Por ello, que ahora digan que exhiben aquel pequeño tesoro, del que hay documentos de su comercialización, es una desvergüenza.

Nosotros pensamos que ESTÁN SACANDO A LA LUZ algunas de las otras miles de piezas que EXPOLIARON con la ayuda del GOBIERNO DE GIBRALTAR de pecios españoles en aguas del Mar de Alborán, donde permanecieron DIEZ AÑOS haciendo lo que les vino en gana, protegidos por la gente de Exteriores del último gobierno Socialista.

LA FRAGATA MERCEDES POR DECRETO

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 08-12-2012

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Siempre he pensado que los arqueólogos son los encargados de estudiar los hallazgos históricos para, acto seguido, informar sobre sus resultados a las instituciones de las que dependen. Sin embargo, en este tedioso y largo asunto de las monedas ganadas a Odyssey en los tribunales norteamericanos ha sucedido todo lo contrario. Han sido los políticos quienes han decidido que dichos objetos arqueológicos provienen de un barco español nunca encontrado, tratando de tapar su mal hacer, sus impresentables actuaciones en relación con todo el asunto; me atrevería a decir que cometiendo un presunto delito de dejación de funciones, y por lo tanto en connivencia con el expolio.

Y durante ese glorioso camino, trataron de tapar la boca a quienes descubrimos el expolio, lo denunciamos y gastamos nuestro patrimonio para obtener imágenes y documentos que la prensa pudiera publicar. También, y quizás sea lo más grave, destituyeron a Ivan Negueruela, al mejor arqueólogo marino que tiene nuestro país haciéndole la vida muy difícil por no plegarse a esta nueva forma de trabajar en la arqueología española, que consiste en que los políticos y sus funcionarios acólitos decidan sobre la identidad de un pecio, la procedencia de unas monedas, o el origen histórico de cualquiera de nuestros objetos patrimoniales. Da igual lo que diga la historia, los hechos, las pruebas o la arqueología en sí misma; se trata de tapar los inmensos errores que se enmiendan después con el dinero de todos los españoles, de encubrir al descomunal numero de bobos, iletrados e incompetentes que intervinieron en esta farsa. Y sin con ello se cargan la reputación de un gran profesional, o enredan hasta cotas insoportables la vida de unos ciudadanos, qué más da, ellos ganan siempre; tienen el poder y la sabiduría y el conocimiento, que a otros tanto nos ha costado adquirir, por decreto, por que lo dicen ellos.

Y yo me pregunto: si hace unos días nuestra Armada expulsó a otro barco caza tesoros del Mar de Alborán a pesar de que navegaba a 25 millas de la costa española, esto es, en la zona contigua española y en la zona económica exclusiva que pude llegar hasta las 200 millas cuando pueden medirse, por qué no se hizo esto mismo cuando los barcos de Odyssey navegaron durante DIEZ AÑOS por nuestras aguas del Mediterráneo. Esta vez y tras el ridículo del expolio de Odyssey, nuestra Armada sí recibió la orden de expulsarlos al amparo de la Convención del Derecho del Mar.

Al menos, y de momento, hasta que otro politiquillo quiera jugar a los arqueólogos, hemos conseguido que las cosas de la protección del patrimonio sumergido se tomen con otro rigor, aunque para ello algunos hayamos pagado un precio muy alto.

Lorenzo -Pipe- Sarmiento de Dueñas
Abogado especializado en Derecho Marítimo.
Descubridor del caso Odyssey.
Autor del libro Expediente Odyssey, el mayor expolio bajo el mar.

YA PUEDES LEER EXPEDIENTE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 12-05-2012

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EXPEDIENTE ODYSSEY

Ya puedes leer el libro que relata todo lo realmente ocurrido en el caso de los cazatesoros de Odyssey; lleva por título EXPEDIENTE ODYSSEY, y lo puedes adquirir por tan solo 5 euros en la editorial digital,  www.todoebook.com

Los beneficios de su venta se entregarán en su totalidad a Verdemar Ecologistas en Acción del Campo de Gibraltar, para que sigan con su acción ejemplar en beneficio de la sociedad.

Se trata de un trabajo de 520 páginas, con 100 documentos inéditos y 20 fotografías en color de los barcos de los cazatesoros expoliando en nuestras aguas. Además, mostramos las pruebas irrefutables de los muchos engaños perpetrados por Odyssey Marine, así como los comunicados que emitieron desde el año 1998, fecha en la que comenzaron a operar en nuestras aguas del mar de Alborán, frente a la Línea y Sotogrande.

Catorce años de trabajo ininterrumpido siguiéndoles tanto por la mar como a través de los documentos que fueron haciendo públicos. Una narración que solo transmite los hechos acaecidos en este larguísimo tiempo así como la odyssey que sufrimos en los juzgados norteamericanos hasta lograr la devolución de esa parte de lo expoliado. El resto, sigue en Gibraltar y en los Estados Unidos, escondido y, de momento, fuera del alcance de las autoridades.

Lorenzo -Pipe- Sarmiento
Abogado maritimista, escritor y periodista

portada expediente odyssey

DOVE, UNA VUELTA AL MUNDO CON 17 AÑOS

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 18-08-2011

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DOVE, UNA VUELTA AL MUNDO CON 17 AÑOS

Se llama Robin Lee Graham y nació en  los Estados Unidos para protagonizar una de las páginas más bellas de la navegación en pequeños veleros. Con tan solo seis años su padre le introdujo en el mundo de las escotas. Navegó por el Pacífico con su familia durante tres años. Por eso, con solo 16, se sintió preparado para zarpar del puerto californiano de San Pedro y surcar durante cinco años todos los mares del mundo. Su barco tenía ocho metros de eslora y costó 8.000 dólares. Robin navegaría 33.000 millas náuticas –unos 60.000 kilómetros-. Un año antes,  trató de emprender con dos amigos y sin el permiso de sus padres la misma aventura desde Hawaii: les dejó esta carta:
“Querido papá, siento marcharme sin decir adiós, pero si te lo hubiera dicho no me habrías dejado partir. Quiero darte las gracias por haberme criado como lo has hecho. Creo que ningún padre lo habría hecho mejor. También siento haberme llevado alguna de tus pertenencias. No os preocupéis por mí, pues todo saldrá bien. Os echo de menos y os quiero mucho. Besos y abrazos”
Palabras que marcaban una gran madurez y determinación  pero que, sin embargo, le incitarían a posponerlo. Pero la firmeza de Robin por circunnavegar el globo se convertiría en una obsesión. Él no sabía demasiado de matemáticas y literatura, pero conocía mejor que nadie los secretos de los océanos. Por ello, su familia acabó por acceder, ayudándole en todo, a partir de ese momento.
Corría el año 1965, y los chicos que amábamos la mar apenas nos atrevíamos a separarnos remando unos cientos de metros de la orilla. Por eso, cuando me hice en Francia con una revista que anunciaba la aventura que iba a emprender Robin y su Dove, no pude menos que soñar y emularlo en las dársenas cercanas al pueblo de Plenzia en el que pasaba los veranos. En aquellos lejanos días no era posible saber demasiado de lo que acontecía fuera, y nuestro vecino del Norte se convertía en la única fuente de información, a modo de un lejano y primitivo Internet.
Con el paso de los meses me enteré que la prestigiosa revista National Geographic publicaría las diferentes etapas del viaje, narradas por su protagonista.  Así que, cada mes, esperaba con ansia la lectura de aquellas páginas tan difíciles de encontrar, que mi profesora de inglés me iba traduciendo a modo de ejercicio.
Aquel chaval, solamente tres años mayor que yo, hablaba de libertad, de independencia, como una continuidad de los mensajes que nos llegaban solo de refilón de los países más desarrollados,  lanzados por una nueva “especie” llamados hippies, en las protestas que protagonizaban contra las guerras y la represión.  Las navegaciones de Robin se convirtieron rápidamente en emisarios de libertad. En dardos de sueños imposibles todavía para los jóvenes españoles, pero que empezaban a marcar surcos de esperanza.
Navegó en solitario en su pequeño velero de California a Samoa. De allí, hasta Nueva Guinea, pasando por Australia y el cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, para cruzar después el Atlántico hasta el mar Caribe. Para concluir su vuelta a la Tierra, tuvo que cruzar el canal de Panamá y ganar de nuevo California tras subir unas cuantas millas por el Pacífico. Perdió el palo una vez, fue abordado por un mercante, y sobrevivió a todo tipo de contrariedades marineras.
Y como en toda aventura que se precie, en una de aquellas lejanas islas conoció al amor de su vida, lo que provocó que, en varias ocasiones, Robin dudase si continuar.  Sin embargo Patti se convertiría en el verdadero motor de sus velas, y, gracias a ella, lograría concluir su extraordinaria aventura. Y como muestra de su historia de amor, y tras 46 años de vida en común, siguen juntos en su casa de Montana, donde se convirtió en un experto carpintero. Desde las bellísimas montañas de ese estado norteamericano, y para no sentir complejo, debió recordar las palabras que él mismo había leído en la tumba del famoso escritor de los mares Robert Louis Stevenson en Samoa: “En su lugar está el marino, en su lugar procedente de la mar, y en su hogar está el cazador, procedente de la colina”.
El libro que publicó en 1972, titulado Dove, editado en España por Grijalbo en 1980, se convertiría en otra referencia para los navegantes en pequeños veleros, y desde luego en una nueva inspiración para los jóvenes españoles que hicimos de la mar nuestra vida, y de la libertad nuestra bandera.

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 03-03-2011

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EL SURF

Desde hace unos años, la gente ve cómo llegan a nuestras playas y acantilados multitud de jóvenes provistos de unas pequeñas tablas con las que cabalgan de pie sobre las olas. Cada vez que las marejadas generadas por los vientos alcanzan la altura suficiente para desplazar las tablas, los surfistas salen entre las espumas sobre sus frágiles artilugios. Y lo que comenzó en España en la costa Cantábrica, se ha extendido a todos aquellos lugares en los que cabe la posibilidades de que la fuerza de las olas sean capaces de arrastrar a las livianas planchas de poliéster, con sus acrobáticos jinetes montados en ellas.
Pero la historia del surf en nuestro país se remonta a los años sesenta, cuando un grupo de chavales del País Vasco nos sorprendimos con la llegada de unas destartaladas furgonetas Wolkswagen cuyos techos iban repletos de unas planchas de colores, con las que, unos tipos melenudos, se metían en las rompientes y proferían gritos apasionados subidos en ellas. Jugaban al gato y al ratón con las poderosas espumas. Pero lo que no pudimos intuir los chavales que tratábamos de copiarlos, y hasta que conversamos con ellos en un rústico inglés de colegio, es que, estos jóvenes fuesen norteamericanos que huían de una muerte casi segura en la guerra de Vietnam. Los padres de aquellos que podían permitírselo, pagaban sus  pasajes a Europa. Una vez aquí,  permanecían surfeando los tres años que eran necesarios para que su condición de prófugos no los llevase a la cárcel en cuanto tocasen suelo americano de nuevo.
Pasaban el tiempo deambulando de playa en playa, de costa en costa, de Francia a España. Vivían en sus viejas furgonetas y comerciaban con las tablas de surf que habían traído consigo desde la mítica California o  las islas Hawai. También nos vendían unas camisetas maravillosas de dibujos inexistentes en España, que a nuestros padres les parecían provocativas o inmorales. Además de revistas de surf y la famosa parafina Sex Wax, con la que untábamos la tabla para no resbalarnos. Un mundo nuevo se abría ante nuestros ojos, y, como atraídos por un imán, les seguíamos e imitábamos, escapando de la férrea dictadura del –por que lo digo yo-.
Junto a ellos cabalgamos la impresionante ola de la barra de Mundaca. O las durísimas rompientes de Sopelana o la Salvaje. Algunos día lográbamos reunir unas pesetas con las que pagar entre cuatro la gasolina para llegar a Francia, entre Hosgor y Capreton, a las bellas e interminables playas que forman las Landas. Recuerdo como si fuera hoy la primera tabla que compré a base de muchos recados, buenas notas y rellenar interminables y tediosas hojas de los libros del lugar donde trabajaba mi padre. Durante varios días, esperé la llegada de una de estas furgonetas, y negocié la compra de una tabla de color rojo y azul, que constituía el sueño de todo adolescente que viviese cerca de la costa. Con aquella plancha de fibra, junto a mi hermano y otros amigos, comenzamos a sorprender a los transeúntes de la costa vascongada a base de revolcones primero, y más tarde, y a medida que fuimos cogiendo práctica, a fantásticas cabalgadas sobre las poderosas olas del Cantábrico. No había deporte más bello. Ni siquiera el incipiente ski, que dejábamos de lado para levantarnos de madrugada para cabalgar las olas cuando la brisa terral las sujetaba erguidas más tiempo sin romper.
En las revistas de surf norteamericanas, en una de ellas, y con gran sorpresa, comprobé que mi tabla se la había comprado a toda una estrella de las playas californianas; John Parten, nada menos, una celebridad del surf que, como otros muchos jóvenes de aquellas tierras,  había tomado la sabia opción de que no lo matasen en una guerra que no era suya, y en la que los políticos midieron mal sus fuerzas en base a una lucha contra el Comunismo que en realidad escondía otras cuestiones.
Pero el surf había comenzado siglos atrás en la Polinesia y Micronesia. Se cree que fue en las islas Hawai donde el primer ser humano se puso de pie sobre un trozo de madera de balsa. A Duke Kahanamoku, el Rey, se le considera el primer surfista como tal: un tipo que usaba la tabla para divertirse y retar a la mar jugando en las delgadas rompientes que caen sobre los arrecifes de coral. Hasta ese momento las planchas se utilizaban en trayectos cercanos para desplazarse de isla en isla, llevando, incluso, frutas y verduras sobre ellas para comerciar con otros atolones. Eran tablas muy grandes, de más de tres metros de longitud, nada que ver con las actuales, que apenas pasan del metro y medio.
Con la llegada del nuevo siglo, la forma de cabalgar sobre las olas también ha cambiado. En las grandes rompientes los surfistas ya no reman tumbados tratando de bajar las pronunciadas paredes de agua; ahora se mueven arrastrados por motos de agua, que les permiten entrar en la ola cuando ésta todavía no ha empezado a romper. Con lo que consiguen bajar rompientes mayores sin tener que esperar a que la salida, -la pared que permanece todavía levantada-, se ponga vertical. Esto ha propiciado que la forma de las tablas de surf haya cambiado por completo. Y que, de la parafina que dábamos para no resbalarnos, se haya pasado a unas ataduras en las que se aseguran los pies para soportar velocidades de vértigo. Hasta hace cinco o seis años nadie había surfeado olas de más de siete metros de altura. Hoy, se bajan paredes de quince, en las que cualquier percance puede acabar con la vida del surfista. Cada temporada mueren cerca de cien practicantes. Por fortuna, en nuestras costas, es difícil que las olas costeras rompientes pasen de los cinco metros de altura, pues, para que se puedan cabalgar, es necesario que la pared de la ola, al menos por uno de sus lados, deje una salida al surfista. En ese reducido espacio es donde se practica el surf. Donde se hacen los giros y los deslizamientos antes de que la masa de agua se convierta en espuma y te propine un revolcón.
El surf es más que un deporte. Es una forma de vida y una manera muy especial de acercarse a la mar. Y, lo que empezamos cuatro chalados en España, muchas veces criticados, hoy constituye un deporte aceptado y espectacular, practicado por miles de jóvenes que posen sus marcas de ropa, su estilo de vida y su propia filosofía marinera. He vuelto a practicarlo, claro, a otro nivel, la edad no perdona, pero todavía encuentro en el surf el inmenso placer y la libertad que te da una filosofía tan simple: una ola, una  tabla y tú. Alrededor, solo la mar, y una naturaleza brutal que podemos domesticar solo un poco cuando logramos cabalgar sobre las grandes rompientes óceanicas.

PALOS QUE NUNCA VOLVERÁN A NAVEGAR

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 22-01-2011

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PALOS QUE NUNCA VOLVERÁN A NAVEGARÁN

Un tarde soleada, en la que el calor te aplastaba contra el empedrado de la calle, caminaba con un amigo por San Roque, Cádiz, mientras me contaba que, junto a su casa, construida en la primera parte del siglo XIX, en un solar que acababa de quedar al descubierto tras derribar una vieja vivienda, habían aparecido dos troncos enormes. Él pensaba, me dijo, que podía tratarse de antiguos palos de velero. Y allí nos fuimos raudos con esa emoción que me entra cuando alguien nombra cualquier viejo objeto náutico. Apartados sobre la acera y cubiertos aún por el moho, enseguida distinguí la inconfundible forma de unos antiguos palos de velero; las muescas talladas para su encastre en el tintero, o las claras señales de haber estado sujetos por la fogonadura de alguna goleta eran evidentes.
Días después, volví al lugar temprano, para que los ruidos de la ciudad, aún dormida, no me impidiesen recrearme en aquellos objetos náuticos. Con la imaginación, el mejor utensilio que poseo  para llegar con rapidez hasta donde pretendo sin ser perturbado por la estúpida realidad, traté de construir la nave que había utilizado esos trozos de madera para impulsarse, para llegar, como yo lo hacía en mi fantasía, hasta aquellos mares lejanos en los que, lejos ya de los dictados obligados, sentiría tan sólo la brisa templada por los vientos alisios.
Un motor sonó cercano, pero a mí, imbuido en la construcción de aquella nave imaginaria, me pareció ya el leve trepidar de su roda al romper las aguas. Pasé la mano sobre la clara huella que había dejado un motón y por las pronunciadas marcas de los cabos grabadas en la piel marinera de esos objetos que, después de haber servido fielmente y durante muchos años al barco en el que estuvieron colocados, habían mantenido la primera planta de una casa señorial del casco antiguo de la Ciudad durante otros ciento cincuenta años más, sin que sus propietarios, seguramente, hubiesen advertido que, a diario, caminaban sobre los restos de un emisario de viajes lejanos, de paisajes exóticos, de pedazos de intangible imaginación; incluso, de sueños. Mis ojos se pasearon por las casas circundantes preguntándome cuántas de ellas encerrarían en sus entrañas los restos de otros viejos veleros desguazados sin piedad por la llegada del hierro y el vapor. También me pregunté si las vidas de aquellas gentes habrían sido diferentes por el sólo hecho de haber sido soportadas por vigas tan importantes. Otro coche pasó muy cerca de mí sacándome de mis cavilaciones, y, de golpe, me hizo volver a la realidad. A esa dura realidad que apenas soporto muchos días, en la que parece que nadie quiere advertir que siempre caminamos sobre el pasado de alguien, sobre el presente de los demás y para hacer un futuro mejor del que nos dejaron a nosotros. Que nuestra vida, al igual que esa casa sustentada por viejos y robustos palos de velero, se sujeta en la historia escrita por los que vivieron antes. Sin que al parecer importe demasiado como se utilizará todo aquello que vamos dejando atrás.
La arqueología marinera no yace sólo debajo de las aguas de los mares del mundo. Al menos en San Roque se pasea por tierra para servir de sostén a pisos y tejados, al igual que nosotros tratamos de soportarnos destruyendo cuanto de bueno y positivo encontramos en los demás, quizás por ese ancestral miedo a terminar abandonados como los palos de ese velero, lejos del mundo de la imaginación y de los sueños, único camino que nos conducirá a escapar de las ataduras con las que pretenden sujetarnos a un destino tan bobo y miserable, como el de esos antes altivos palos levantados al viento de los mares. La sociedad nunca ha permitido que la  imaginación y las ganas de aventura volasen en total libertad lejos de sus dictados; y al que osó  hacerlo, lo convirtieron en palo de velero sin barco, en utensilio de decoración, en arcaico recuerdo.