OBJETOS EN LA MAR QUE PUEDEN HUNDIRNOS
Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 08-10-2025
0
Si en la anterior entrada tratábamos de la niebla como uno de los peligros que nos acechan a quienes navegamos, no es menor el riesgo que corremos con los muchos objetos que flotan en la mar. Especialmente estos últimos años, en los que los mares y océanos del mundo están amenazados por los excesos que los humanos estamos cometiendo. Y, si en el Mediterráneo nos agobia todo lo que tenemos que sortear y evitar, en otros mares del globo la cosa es mucho peor pues, en cuanto uno se aleja de las costas, no hay autoridad que vigile lo que allí se hace.
Quién de nosotros no se ha encontrado troncos que las tormentas arrojaron a través de los estuarios de los ríos. O trozos de redes abandonadas por los pescadores. O las boyas de pesca fondeadas en cualquier lugar sin balizas de señalización. Y lo que es peor, contenedores, que son los objetos más dañinos para los barcos de fibra o madera. Es cierto que, por lo general, la velocidad de los veleros no suele ser demasiado alta, lo que mitiga las consecuencias de un abordaje contra uno de estos almacenes flotantes, que tantos disgustos dan a los navegantes de altura, cuando se mueven a veinte o treinta nudos, gracias a los diseños de apéndices laterales que los elevan sobre el agua, para romper aquello que decían los marinos de antaño: ” dame quilla y te daré milla”.
El centro de emergencias de Toulouse, que maneja lo referente a las balizas Epir que llevamos a bordo para que se pueda saber nuestra posición si las activamos, atribuye a los contenedores caídos de barcos mercantes el 45% de las emergencias que reciben, con el fatídico resultado de naufragio en la mayor parte de los casos. Y es normal que así sea pues, las esquinas de los contenedores agujerean cualquier casco a nada que se navegue a más de cinco nudos, y las navieras se empeñan en sobrecargar sus barcos hasta cotas que la lógica evidencia poco después cuando caen por la borda a nada que la mar los zarandee más de la cuenta. En los veleros de regatas oceánicas instalan sonares, que detectan lo que tienes delante en un parámetro de hasta cinco metros de profundidad. El que la náutica de recreo y deportiva nos los utilice se debe a su altísimo precio.
Sin embargo, el radar es una buena ayuda para detectar objetos extraños en la mar, como troncos o contenedores, mientras permanecen en la superficie. También avisan de los grandes mamíferos que podemos encontrar cuando toman el sol: su masa es tan grande, que la pantalla los marcará, dándonos tiempo a cambiar de rumbo. Por eso debemos llevarlo encendido todo el tiempo con sus alarmas activadas
Pero en los últimos años el mayor peligro para los navegantes en pequeños barcos de vela son las orcas pues, el problema, lejos de mejorar, ha empeorado mucho, extendiéndose a todas las aguas que rodean la Península Ibérica en su parte occidental. El ataque más impresionante ha sido el de dos veleros portugueses de 10 metros, hundidos por estos animales cerca de Lisboa el agosto último: según cuentan sus protagonistas, las orcas les embistieron desde lejos con una ferocidad nunca antes vista, lo que provocó que los cascos se abrieran a la altura del timón, y se hundieran en poco tiempo. Menos mal que fueron rescatados por otra embarcación.
También hubo muchos incidentes en aguas del País Vasco y el Atlántico francés. Pero en nuestro país, en tiempos tan convulsos, es mejor no opinar, y dejar que cada marino tome las medidas oportunas para defenderse, ya que la profunda soledad que sentimos en la mar cuando nos separemos de la costa nos permite una libertad de actuación encaminada a defender, sobre todo, la vida de tu tripulación y la seguridad del barco por encima de cualquier otra consideración.
Lo grave es que ahora, cada vez que distinguimos una aleta sobre las aguas, nos entra un miedo atroz y una sensación de impotencia que frustra el placer de navegar. Por suerte las orcas no entran en el Mediterráneo, ya que sus aguas están demasiado calientes. Pero su peregrinar por todas las otras aguas europeas está abriendo un acalorado debate, que mucho me temo acabará, como promulgaba Hugo Grocio, abogado de los mares en el siglo XVI, en su libro “De Mare Liberum” o libertad de los mares, tal como hacen los barcos mercantes con los problemas que se van encontrando en su negocio, y que las administraciones no son capaces de solucionar. Por ello, se abanderan de conveniencia en países tercermundistas donde nada se les exige, y pasan sus revisiones en compañías de clasificación de bajo nivel. Es la ventaja que tiene la alta mar, que no le importa a nadie, al tiempo que los funcionarios discuten entre ellos, sustentados en su falta de conocimientos reales y prácticos sobre la mayor parte de los temas; y así nos va.


La mar requiere soluciones inmediatas, realismo, conocimientos y grandes dosis de experiencia para poder atajar los inquietantes problemas que tiene y tendrá en el futuro. Pero quienes dirigen sus destinos ni saben ni parece importarles a lo que se enfrentan. Hoy mejor que mañana debemos encontrar soluciones, antes de que todo esté perdido, pues la política solo mira a corto plazo como para ser inteligente, útil y práctica. Menos aún para adelantarse al futuro.

















































