EL NIÑO ABANDONADO EN AUSTRALIA EN 1856

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 09-02-2021

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NARCISSE PELLETIER
el niño marinero abandonado en Australia

Los hombres que compartían un bote de salvamento tras el naufragio de un barco lo abandonaron en la costa con solo 13 años, pero sería adoptado por unos aborígenes del cabo York, en Australia, con los que viviría durante diecisiete años. Y se convertiría en el protagonista de un libro que ganó el premio Goncourt.

Todo comenzó en el puerto de Marsella en 1857, cuando Narcís Pelletier, de 13 años, embarcó como grumete en la goleta Saint Paul con destino a Sidney. Navegaba desde los 8 años pescando sardinas con su familia en las aguas cercanas a Saint Gilles Croix de Vie, en Vendée. A los doce años era ya grumete en diferentes barcos.

En 1857 embarcó en la goleta Saint Paul que transportaba vino a Bombay. Desde allí pondrían proa a Hong Kong donde cargaron mano de obra china para las minas de Australia. Todos iban provistos de una farsa de contrato que les condenaba a la esclavitud durante años; 320 chinos cuyo destino era Queensland.

Navegaron entre las islas Filipinas, las Salomón y Nueva Guinea antes de poner proa a Sidney, pero encallaron en una pequeña isla llamada hoy Rossel, situada al sur de Papua Nueva Guinea. En la declaración oficial del naufragio podemos leer:

El 11 de septiembre de 1858 el Saint Paul se topó con un arrecife en Isla Rossel, y encalla. El barco y su carga se perdieron, y las pocas cosas que se salvaron las robaron los nativos cuando atacaron el campamento. Siete marineros fuero masacrados. La mayoría de los chinos murieron.

Pero la verdad, como se sabría después, fue otra. Cuando el barco embarrancó su tripulación embarcó en un esquife con el que lograron alcanzar tierra firme, dejando a los chinos en el islote. Eran doce hombres, entre ellos Narcisse Pelletier. El bote tenía seis metros de eslora y estaba provisto de una pequeña vela. Para sobrevivir comerían pájaros, peces y beberían agua de mar y su propia orinar. Trece días después desembarcaron en la costa australiana cerca de cabo Flattery. Muertos de sed, buscaron un manantial para beber, y dejaron al niño a su cuidado mientras buscan comida. Pero pasaron las horas y no regresaron. Cuando Narcisse volvió a la playa el bote había desaparecido.

El chaval siguió unos senderos hasta caer desfallecido. Cuando despertó, dos aborígenes le miraban: Narcisse les ofrece un cuchillo que lleva y un pañuelo. Los aborígenes le dieron fruta y agua, y lo llevaron a su campamento, adoptándolo como a uno más. Le llamaron Amglo, que significa Sol.

Los tripulantes del bote continuaron su navegación hasta alcanzar el extremo norte del Estrecho de Torres, donde fueron asistidos por un barco inglés que los llevó a Noumea. Habían pasado tres meses desde el naufragio. El armador envió al vapor Styx al lugar donde abandonaron a los chinos con la intención de socorrerles. A bordo iba el doctor Victor de Rochas, que escribió un manuscrito sobre la expedición ilustrado con grabados. Cuando llegaron a la isla solo queda uno con vida; el resto murieron de hambre o por los flechas de una tribus de caníbales que se comerían a muchos de ellos. En uno de sus campamentos hallaron ropa de los chinos y parte de sus huesos y pieles.

Dado por muerto, Narcisse se fue adaptando a la vida con los aborígenes en un amplio territorio por el cambiaban de posición varias veces al año. También se acostumbra a esa cultura salvaje incrustando sobre su piel marcas y tatuajes. Aprende la lengua de su tribu, la poligamia y los ritos paganos. Incluso se promete con una niña de cuatro años llamada Quinia, con la que deberá vivir cuando ella tenga 13 años.

El 11 de abril de 1875 la goleta John Bell, capitaneada por John Fraser, fondea cerca de esas tierras al Oeste del cabo Flaterry, y algunos de sus tripulantes desembarcan para cargar agua y hacer trueques con los aborígenes. De vuelta al barco, uno de los marineros le cuenta al capitán que  cree que entre los nativos hay un hombre blanco. El capitán prepara una estrategia para rescatarlo, que consiste en atraerlos a bordo con regalos y licor. Sin embargo, en cuanto Narcisse embarca, despiden a los nativos, levantan el ancla y zarpan.

El hombre, que ha olvidado su propia lengua, y no habla inglés, permanece mudo, asustado. Calculan que tiene unos 25 años, parece pacífico y no opone resistencia. Como la goleta debe seguir rumbo al Oeste, lo entregan a las autoridades en Somerset, en el extremo de la península de York. Desde ahí lo embarcan para Brisbane, y después a Sidney. Durante la travesía sus guardianes se dan cuenta que su lengua original es el francés, por lo que lo entregan a la pequeña comunidad francesa de Sydney. Con ellos permanecería varios años recuperando su lengua y su escritura, al tiempo  que empiezan un trabajo de investigación entre las muchas reclamaciones sobre náufragos y desaparecidos que hubo durante los últimos años.

Y le preparan una entrevista con Georges Eugene Simon, cónsul de Francia en Sydney, que tras escuchar la historia recuerda las cartas de una familia francesa que durante los últimos 18 años le pedían que investigase si hubo otros sobrevivientes del Sain Paul, entre ellos un niño que iba de marmitón en el barco. George le pregunta si podía ser él ese niño: pero Narcisse no puede hablar, aunque  sus ojos inquietos se expresan con angustia. El cónsul le habla de su pueblo, de sus padres; entonces toma un trozo de papel que hay sobre la mesa y una pluma, y en grandes letras de colegial escribe su nombre y el nombre de su pueblo.

A partir de ahí empieza recordar su lengua y el consulado prepara su repatriación a Francia. El 7 de agosto de 1875 embarca en el tres palos de la Marine Nacional, Jura. Cuando llega a Toulon uno de sus hermanos le espera y lo lleva a París para una entrevista con el Ministerio de Marina, donde tratan de chantajearle con un puesto en un barco mercante si no habla del abandono al que fue sometido tanto él como los 320 chinos por parte del capitán y la tripulación del Saint Paul.

El 2 de enero de 1876 regresa a Sanit-Gilles-Croix-de Vie donde sus padres pueden al fin abrazarle. Un médico de Nantes llamado Constant Merland se convierte en su amigo y protector, y le ayuda a desgranar la historia de esos 17 años vividos entre los aborígenes. Narcís le narra los hábitos de su tribu, su forma de comer, sus relaciones personales y sus luchas internas. Con toda esa información el doctor Merland escribió un libro que tituló, Diecisiete años de la Vida de un Grumete en una Tribu Caníbal. Los beneficios del libro se los entregó a Narcisse. Se volvió a editar en 2002.

Y le conceden un puesto de vigilante de faro en Aiguillon, donde permanece muchos años aislado rechazando participar en conferencias sobre su terrible experiencia.

En 1880 se casó con una costurera de 22 años, pero no tendrían hijos. Su vida transcurrió trabajando de guardagujas en Nantes. Murió en Saint Nazaire en 1894. Su vida ha continuado siendo un tema de actualidad durante más de cien años, y se han escrito varios libros sobre su experiencia que alcanzaron gran éxito en Francia.

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