SOBRE TRES METROS DE ESLORA

Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 11-10-2012

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SOBRE TRES METROS DE ESLORA

Si dar la vuelta al Mundo en un velero es ya de por sí una navegación extraordinaria, sobre todo en los complicados tiempos que vivimos en una mar repletas de piratas y contenedores a la deriva, hacerlo en una embarcación de TRES METROS se acerca a la locura. Sin embargo, éste es el nuevo reto del sueco de 73 años Sven Yrvind: surcar los mares del Globo en un diminuto velero para batir todas las marcas de eslora.

Hijo de un oficial de la marina mercante, su primera vivienda fue un viejo pesquero de 10 metros atracado en un puerto del Báltico: esto ocurría en 1960 mientras trabajaba de mecánico naval. Los salarios obtenidos los usó, casi en su totalidad, para comprar su primer velero. Dos años después, apenas cumplidos los 22, se haría con un barquito de 4,75 metros de eslora por 1,70 de manga que construyó con chapa marina fenólica, calafateado sus juntas como se hacía antes. Con él navegaría durante siete años por las costas de Suecia, Noruega y Dinamarca sobreviviendo a temporales y saliendo airoso de unas cuantas embarrancadas. Pero su habilidad para reparar cuanto toca le permitió superar las situaciones más comprometidas, al tiempo que se iba convirtiendo en un duro y experimentado marino.

En 1968 compró un barco de 12 metros de eslora abordo del cual navegó hasta Río de Janeiro. Sin embargo, nada más llegar dijo:

“Un barco grande tiene problemas grandes. Por eso. nunca volveré a navegar en uno; regresaré a los pequeños; estos solo dan problemas pequeños”.

Y eso hizo, construyó una embarcación de 4 metros para volver a cruzar el Atlántico. Una proeza, pues apenas cabía tumbado, y el agua, la comida y la ropa la tuvo que racionar hasta extremos delirantes.

En 1970, a los 31 años, construyó otro diminuto velero en la bodega de la casa de su madre al que llamó Bris I. Con él se enfrentó también a la dureza del mar del Norte y al Báltico en invierno, navegando después  hasta las Azores, la isla de Tristán de Cunha y la diminuta Santa Elena, ya en el hemisferio Sur. Otra memorable hazaña embarcado sobre 6 metros de madera contrachapeada.

Para ampliar sus conocimientos de construcción naval trabajó en Inglaterra con Dick Newick en el catamarán con el que Mike Birch ganaría la Ruta del Ron de 1978. También lo hizo con el diseñador norteamericano Walter Green, otra leyenda del diseño de trimaranes en los setenta y ochenta. De ambos adquiriría conceptos muy claros sobre los materiales y su resistencia, que más tarde aplicaría sobre cada uno de los diminutos veleros que armó.

En 1989 regresó al Atlántico navegando desde Suecia a New York vía Irlanda y Terranova. Sin embargo ese año marcaría su retiro provisional de los mares, pues contrajo matrimonio con una pintora sueca, y tuvo que dedicar sus extraordinarios conocimientos sobre las maderas y los salarios que iba obteniendo a construir su casa: destino final de muchos aventureros de los mares, a los que el amor y sus obligaciones suele ser la única forma de apartarse del vagabundeo por la mar.

Durante 15 años los amantes de la mar le perdimos de vista, hasta que, en 2005, supimos que estaba construyendo un nuevo velero de 27 pies con el que, meses después, navegaría de Suecia a Florida junto a un amigo. Muchas peripecias a lo largo de la travesía, pero la infinita habilidad de Sven siempre fue superior a los imponderables.

En 2008 empezó a fabricar el Yrvind.com, un velerito de 4,60 metros y 1,30 de manga, al que por primera vez en esa eslora colocó un palo de mesana en el que se sujetaba el piloto de viento y un remo a modo de timón.  Un engendro maravilloso y seguro que le llevó por esos mares.

Tras probarlo por el Báltico, en 2011 empleó 45 días en navegar la distancia que separa las islas portuguesas de Madeira y Martinica. Una travesía logicamente en solitario –solo cabe uno a bordo-, que concluyó felizmente, y que le dio nuevos ánimos para emprender lo que él llama el viaje definitivo: una vuelta al mundo sobre tres metros de velero.

Y, si como dijo una vez, un velero pequeño tiene muchos menos problemas que uno grande, este es tan chico, que esperemos no le de ni uno, y pueda regresar a su Suecia natal de una pieza, tras realizar una de las navegaciones más extraordinarias de entre las muchas que ya llevó a cabo.