DE NUEVO LA SOMBRA DE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Odyssey | Fecha 31-05-2013

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De nuevo se ha producido una expulsión de nuestras aguas de dos embarcaciones  cazatesoros por parte de la Armada, en coordinación con el Servicio Marítimo de la Guardia Civil. Los barcos en cuestión, el Endeavour, hasta noviembre pasado Seaway Endeavour, al que cambiaron de bandera de Panamá a Togo para que no se siguiera su pista, y el Seaway Invincible, llevaban varios meses tanteando la zona para comprobar si nuestras autoridades salían a por ellos más allá del mar territorial -12 millas desde la costa-. Los pudimos fotografiar en zonas donde permanecieron varios años los diferentes barcos de la compañía Odyssey Marine. También se refugiaron ambos barcos en el fatídico puerto de Gibraltar, dada la cercanía a las zonas a expoliar y al buen trato que recibe en la Colonia cualquier enemigo de nuestro País. -Fotos adjuntas-.

Durante los prácticamente 10 AÑOS de navegaciones de Odyssey por esa misma zona del Mar de Alborán, España solo defendió las aguas jurisdiccionales cercanas, obviando la responsabilidad y los derechos que también tenemos sobre las siguientes 12 millas, -llamada Zona Contigua-, y la extensión hasta las 200 cuando se tiene espacio para poder medirlas, llamada Zona Económico Exclusiva; y así nos fue. Sin embargo, en el caso del Mar de Alborán, como la distancia entre España, Marruecos y Argelia apenas sobrepasa las 100 millas, por el sistema de Líneas Equidistantes, avalado por Naciones Unidas, nos repartimos 50 millas cada país. Así que, en esa parte del Mediterráneo ostentamos DERECHOS EXCLUSIVOS en las primeras 12 millas, en las 12 segundas, y sobre las 26 más que nos corresponden de Zona Económica.

La empresa armadora de los dos barcos, Hallstrom Holdings, esconde su accionariado tras la injusta opacidad del mundo naval en una dirección de Singapur.  Los diferentes armadores de los barcos son los mismos perros con distinto collar: Seaways Survey, Seaways Offshore, Hallstrom Holdings, etc. Vamos, que el mundo de la mar sigue permitiendo a los piratas esconderse detrás de múltiples trampas para así evitar responsabilidades personales. Y, esto, a pesar de los ingentes males que llegaron a España por la mar vía Urquiola, Mar Egeo, Prestige, Odyssey, y un largo etc.

En el reducido mundo de los robaperas submarinos, se conocen todos, se venden o alquilan datos y barcos, para hacer después criminales repartos de lo saqueado en paraísos fiscales. El barrido continuado que hizo Odyssey a lo largo y ancho del Mar de Alborán, no podía quedar en barbecho. Esa información era codiciada por todos los amantes de lo ajeno bajo las aguas, y por eso es más que probable que los datos captados por ello durante tanto tiempo y a lo largo de tantas millas sean ahora utilizados por otros.

Sin embargo, lo verdaderamente importante es que nuestras Fuerzas de Seguridad actúen como lo han hecho en este asunto, y no cambien su comportamiento cuando el nuevo politiquillo de turno decida mandar lo contrario, como sucedió en el robo masivo y continuado de los diferentes barcos expoliados por Odyssey, a los que nuestro Estado  colgó la falsa etiqueta de “fragata Mercedes” para no tener que responder de los diez años de desidia, responsabilidad y dejación de funciones, colmando a los de Odyssey con relaciones impresentables y permisos criminales, que nos llevaron al mayor ridículo de la historia en un asunto de arqueología submarina, una pequeña parte del cual recuperamos gracias al dinero de todos los españoles.

Lorenzo Sarmiento de Dueñas
Abogado, especializado en Derecho de la Mar.
Autor de Expediente Odyssey, el mayor expolio baja la mar.

EXPEDIENTE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 08-05-2013

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LA ESTUPIDEZ. ALIADA CON LA CRUELDAD Y LA CODICIA. PROVOCA MUCHAS BARBARIES. EL MISTERIO DE LA ESTUPIDEZ ES TAN HONDO COMO EL DE LA CRUELDAD; A VECES LAS DOS SE ALÍAN ENTRE SÍ. PARA LA ESTUPIDEZ Y SUS DOS CÓMPLICES MAYORES, LA CRUELDAD Y LA CODICIA, NO SABE UNO QUÉ REMEDIO PODRÍA SER ÚTIL, NI QUÉ MODO HABRÍA DE PONERLE LÍMITE.

HACE BASTANTES AÑOS EMPECÉ A DESCUBRIR, NO SIN ASOMBRO, QUE CUANDO UN ESCRITOR SE MALOGRA O SE PIERDE NUNCA ES A CAUSA DE LA NECESIDAD, SINO DE LA CODICIA. LA NECESIDAD ESTÁ EN MUCHOS DE LOS DESASTRES QUE ORGANIZAMOS LOS HUMANOS, PERO ME TEMO QUE LA CODICIA ES LA RESPONSABLE DE MUCHOS MÁS, AUNQUE CADA VEZ LO QUE ME DAS MÁS MIEDO ES LA INMENSA FUERZA DESTRUCTIVA DE LA ESTUPIDEZ.

Antonio Muñoz Molina.

LAS NUEVAS MENTIRAS DE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 06-04-2013

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Es una desvergüenza que algunos medios de prensa continúen dando soporte a la falacia de que las monedas recuperadas a los piratas de Odyssey pertenecen a la fragata Mercedes: no hay una sola prueba de ello, a no ser las mentiras y embustes de quienes deberían haber respondido con sus cargos e imputaciones penales por los muchos expolios perpetrados por la empresa Odyssey.

Sin embargo, es todavía más esperpéntico que el Museo Naval de Madrid esté construyendo una réplica de la nunca encontrada fragata Mercedes, como sin con ello se perpetuaran sus aseveraciones. No es de recibo que una institución científica, cuyos objetos asumen al valor que ostentan gracias a que están soportados por la historia cierta y veraz, se haya tirado por el camino del medio dando pábulo a rumores, pruebas incompletas y opiniones políticas sustentadas, como casi siempre, en el mantenimiento de la silla a toda costa por parte de quienes propiciaron que nos robasen durante más de diez años.

Ahora, Odyssey da un nuevo giro de tuerca anunciando una exposición en Tampa en la que presentarán objetos que dicen extrajeron en 1.989 de dos barcos españoles expoliados en aguas de los cayos de Florida próximas a las Islas Tortuga.

Sin embargo, vuelven a MENTIR, en esa conducta patológica en la que se empeñan tratando de tapar los muchos expolios cometidos en aguas españolas. Pues, la VERDAD DOCUMENTADA de lo que dicen es otra muy distinta: el oro, la plata y las joyas que Stemm y Norris expoliaron de aquel navío español entre 1989 y 1992 las tuvieron que vender con celeridad para pagar a sus muchos acreedores, tras invertir DIEZ millones de dólares para rescatar un patrimonio que apenas alcanzó un valor de TRES. -documentos de la época adjuntos-

La SEC, la reguladora del mercado bursátil norteamericano les abrió un expediente por presunto fraude a los accionistas, tras el vergonzoso desfase existente entre los ingresos y gastos de la operación. -adjuntos documentos-.

En principio utilizaron el tristemente famoso barco Seahawk, con el que empezaron los expolios en las costas de la Línea y Sotogrande en 1998 y 1999. Pero tuvieron que arrendar otro más grande que pudiera darles la cobertura en la mar que necesitaban. Se llamaba también Seahawk Retrovier. -foto adjunta-.

Fue una catástrofe de negocio con el que los dos piratas, por muy poco, no terminaron entre rejas. Por ello, que ahora digan que exhiben aquel pequeño tesoro, del que hay documentos de su comercialización, es una desvergüenza.

Nosotros pensamos que ESTÁN SACANDO A LA LUZ algunas de las otras miles de piezas que EXPOLIARON con la ayuda del GOBIERNO DE GIBRALTAR de pecios españoles en aguas del Mar de Alborán, donde permanecieron DIEZ AÑOS haciendo lo que les vino en gana, protegidos por la gente de Exteriores del último gobierno Socialista.

LA FRAGATA MERCEDES POR DECRETO

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 08-12-2012

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Siempre he pensado que los arqueólogos son los encargados de estudiar los hallazgos históricos para, acto seguido, informar sobre sus resultados a las instituciones de las que dependen. Sin embargo, en este tedioso y largo asunto de las monedas ganadas a Odyssey en los tribunales norteamericanos ha sucedido todo lo contrario. Han sido los políticos quienes han decidido que dichos objetos arqueológicos provienen de un barco español nunca encontrado, tratando de tapar su mal hacer, sus impresentables actuaciones en relación con todo el asunto; me atrevería a decir que cometiendo un presunto delito de dejación de funciones, y por lo tanto en connivencia con el expolio.

Y durante ese glorioso camino, trataron de tapar la boca a quienes descubrimos el expolio, lo denunciamos y gastamos nuestro patrimonio para obtener imágenes y documentos que la prensa pudiera publicar. También, y quizás sea lo más grave, destituyeron a Ivan Negueruela, al mejor arqueólogo marino que tiene nuestro país haciéndole la vida muy difícil por no plegarse a esta nueva forma de trabajar en la arqueología española, que consiste en que los políticos y sus funcionarios acólitos decidan sobre la identidad de un pecio, la procedencia de unas monedas, o el origen histórico de cualquiera de nuestros objetos patrimoniales. Da igual lo que diga la historia, los hechos, las pruebas o la arqueología en sí misma; se trata de tapar los inmensos errores que se enmiendan después con el dinero de todos los españoles, de encubrir al descomunal numero de bobos, iletrados e incompetentes que intervinieron en esta farsa. Y sin con ello se cargan la reputación de un gran profesional, o enredan hasta cotas insoportables la vida de unos ciudadanos, qué más da, ellos ganan siempre; tienen el poder y la sabiduría y el conocimiento, que a otros tanto nos ha costado adquirir, por decreto, por que lo dicen ellos.

Y yo me pregunto: si hace unos días nuestra Armada expulsó a otro barco caza tesoros del Mar de Alborán a pesar de que navegaba a 25 millas de la costa española, esto es, en la zona contigua española y en la zona económica exclusiva que pude llegar hasta las 200 millas cuando pueden medirse, por qué no se hizo esto mismo cuando los barcos de Odyssey navegaron durante DIEZ AÑOS por nuestras aguas del Mediterráneo. Esta vez y tras el ridículo del expolio de Odyssey, nuestra Armada sí recibió la orden de expulsarlos al amparo de la Convención del Derecho del Mar.

Al menos, y de momento, hasta que otro politiquillo quiera jugar a los arqueólogos, hemos conseguido que las cosas de la protección del patrimonio sumergido se tomen con otro rigor, aunque para ello algunos hayamos pagado un precio muy alto.

Lorenzo -Pipe- Sarmiento de Dueñas
Abogado especializado en Derecho Marítimo.
Descubridor del caso Odyssey.
Autor del libro Expediente Odyssey, el mayor expolio bajo el mar.

SOBRE TRES METROS DE ESLORA

Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 11-10-2012

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SOBRE TRES METROS DE ESLORA

Si dar la vuelta al Mundo en un velero es ya de por sí una navegación extraordinaria, sobre todo en los complicados tiempos que vivimos en una mar repletas de piratas y contenedores a la deriva, hacerlo en una embarcación de TRES METROS se acerca a la locura. Sin embargo, éste es el nuevo reto del sueco de 73 años Sven Yrvind: surcar los mares del Globo en un diminuto velero para batir todas las marcas de eslora.

Hijo de un oficial de la marina mercante, su primera vivienda fue un viejo pesquero de 10 metros atracado en un puerto del Báltico: esto ocurría en 1960 mientras trabajaba de mecánico naval. Los salarios obtenidos los usó, casi en su totalidad, para comprar su primer velero. Dos años después, apenas cumplidos los 22, se haría con un barquito de 4,75 metros de eslora por 1,70 de manga que construyó con chapa marina fenólica, calafateado sus juntas como se hacía antes. Con él navegaría durante siete años por las costas de Suecia, Noruega y Dinamarca sobreviviendo a temporales y saliendo airoso de unas cuantas embarrancadas. Pero su habilidad para reparar cuanto toca le permitió superar las situaciones más comprometidas, al tiempo que se iba convirtiendo en un duro y experimentado marino.

En 1968 compró un barco de 12 metros de eslora abordo del cual navegó hasta Río de Janeiro. Sin embargo, nada más llegar dijo:

“Un barco grande tiene problemas grandes. Por eso. nunca volveré a navegar en uno; regresaré a los pequeños; estos solo dan problemas pequeños”.

Y eso hizo, construyó una embarcación de 4 metros para volver a cruzar el Atlántico. Una proeza, pues apenas cabía tumbado, y el agua, la comida y la ropa la tuvo que racionar hasta extremos delirantes.

En 1970, a los 31 años, construyó otro diminuto velero en la bodega de la casa de su madre al que llamó Bris I. Con él se enfrentó también a la dureza del mar del Norte y al Báltico en invierno, navegando después  hasta las Azores, la isla de Tristán de Cunha y la diminuta Santa Elena, ya en el hemisferio Sur. Otra memorable hazaña embarcado sobre 6 metros de madera contrachapeada.

Para ampliar sus conocimientos de construcción naval trabajó en Inglaterra con Dick Newick en el catamarán con el que Mike Birch ganaría la Ruta del Ron de 1978. También lo hizo con el diseñador norteamericano Walter Green, otra leyenda del diseño de trimaranes en los setenta y ochenta. De ambos adquiriría conceptos muy claros sobre los materiales y su resistencia, que más tarde aplicaría sobre cada uno de los diminutos veleros que armó.

En 1989 regresó al Atlántico navegando desde Suecia a New York vía Irlanda y Terranova. Sin embargo ese año marcaría su retiro provisional de los mares, pues contrajo matrimonio con una pintora sueca, y tuvo que dedicar sus extraordinarios conocimientos sobre las maderas y los salarios que iba obteniendo a construir su casa: destino final de muchos aventureros de los mares, a los que el amor y sus obligaciones suele ser la única forma de apartarse del vagabundeo por la mar.

Durante 15 años los amantes de la mar le perdimos de vista, hasta que, en 2005, supimos que estaba construyendo un nuevo velero de 27 pies con el que, meses después, navegaría de Suecia a Florida junto a un amigo. Muchas peripecias a lo largo de la travesía, pero la infinita habilidad de Sven siempre fue superior a los imponderables.

En 2008 empezó a fabricar el Yrvind.com, un velerito de 4,60 metros y 1,30 de manga, al que por primera vez en esa eslora colocó un palo de mesana en el que se sujetaba el piloto de viento y un remo a modo de timón.  Un engendro maravilloso y seguro que le llevó por esos mares.

Tras probarlo por el Báltico, en 2011 empleó 45 días en navegar la distancia que separa las islas portuguesas de Madeira y Martinica. Una travesía logicamente en solitario –solo cabe uno a bordo-, que concluyó felizmente, y que le dio nuevos ánimos para emprender lo que él llama el viaje definitivo: una vuelta al mundo sobre tres metros de velero.

Y, si como dijo una vez, un velero pequeño tiene muchos menos problemas que uno grande, este es tan chico, que esperemos no le de ni uno, y pueda regresar a su Suecia natal de una pieza, tras realizar una de las navegaciones más extraordinarias de entre las muchas que ya llevó a cabo.

YA PUEDES LEER EXPEDIENTE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 12-05-2012

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EXPEDIENTE ODYSSEY

Ya puedes leer el libro que relata todo lo realmente ocurrido en el caso de los cazatesoros de Odyssey; lleva por título EXPEDIENTE ODYSSEY, y lo puedes adquirir por tan solo 5 euros en la editorial digital,  www.todoebook.com

Los beneficios de su venta se entregarán en su totalidad a Verdemar Ecologistas en Acción del Campo de Gibraltar, para que sigan con su acción ejemplar en beneficio de la sociedad.

Se trata de un trabajo de 520 páginas, con 100 documentos inéditos y 20 fotografías en color de los barcos de los cazatesoros expoliando en nuestras aguas. Además, mostramos las pruebas irrefutables de los muchos engaños perpetrados por Odyssey Marine, así como los comunicados que emitieron desde el año 1998, fecha en la que comenzaron a operar en nuestras aguas del mar de Alborán, frente a la Línea y Sotogrande.

Catorce años de trabajo ininterrumpido siguiéndoles tanto por la mar como a través de los documentos que fueron haciendo públicos. Una narración que solo transmite los hechos acaecidos en este larguísimo tiempo así como la odyssey que sufrimos en los juzgados norteamericanos hasta lograr la devolución de esa parte de lo expoliado. El resto, sigue en Gibraltar y en los Estados Unidos, escondido y, de momento, fuera del alcance de las autoridades.

Lorenzo -Pipe- Sarmiento
Abogado maritimista, escritor y periodista

portada expediente odyssey

EL VELERO QUE VENCIÓ A LOS PIRATAS DE ODYSSEY

Publicado por pipesar | Categoría Odyssey | Fecha 28-02-2012

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Por lo general, las gentes da la náutica de recreo utilizamos nuestros barcos para divertirnos. Sin embargo, hay veces que embarcaciones de estas características se han usado para cosas muy diversas: rescatar a otros, transportar heridos hasta la costa, hacer de jurados en pruebas deportivas, etc. Pero quizás la más extraordinaria de mis navegaciones haya sido la que me llevó a descubrir a los ya tristemente famosos piratas del Odyseey en aguas mediterráneas cercanas al estrecho de Gibraltar.

La noticia ha dado la vuelta al mundo durante varios años, hasta que, el sábado 25 de febrero, tras un arduo pleito en los Estados Unidos, logramos que regresaran a España las cientos de miles de monedas expoliadas por los piratas. Por tanto, la náutica de recreo, por medio de un soberbio Centurión 45 de Wauquiez, se constituyó en policía privada, a modo de vigilante gratuito de los mares, sin la cual nada de lo que ha venido sucediendo estos últimos años en relación al caso se hubiera producido.

Fueron nada más y nada menos que “DIEZ AÑOS” de usar un barco de recreo en labores de documentación y seguimiento de los cazatesoros. ¿ Puede haber navegación más extraordinaria? A bordo de él, fotografiamos, filmamos, posicionamos y sometimos a todo tipo de acoso presencial a los piratas, dejándoles claro que estábamos allí, que sabíamos lo que hacían, y que no pararíamos de denunciarlos hasta que fueran expulsado de nuestras aguas.

El Mundo, a través de nuestro colega Carlos Segovia, fue el primer diario de tirada nacional que dio noticias sobre los piratas patrimoniales. Luego, un suplemento de Náutica. Es verdad que el precio que hemos pagado ha sido elevado, pues, para tapar su mal hacer, fuimos sometidos por la administración a todo tipo de presiones, incluidas dos querellas criminales, que los magistrados que nos escucharon no consideraron. ¡ Eso sí que fueron nuevas navegaciones extraordinarias! con miedos de galerna incluidos.

Pero nuestro ímpetu por saber la verdad y que se hiciera justicia fue más fuerte que sus amenazas. Los David de la náutica, a bordo de un pequeño barquito impulsado tan solo por velas y determinación, fuimos capaces de plantar cara al sistema; y lo que todavía sería mejor, logramos que los expolios continuados durante diez años de nuestro patrimonio sumergido fueran condenados por los jueces norteamericanos, y España recuperase lo que era suyo.

La náutica de recreo, por tanto, ha prestado un servicio más a nuestra nación; ya no solo le otorgamos el mayor palmarés olímpico a través de nuestros grandes campeones. O los muchos éxitos de nuestros navegantes de altura. Tras el caso Odyssey, los modestos navegantes debemos sentirnos útiles, rechazando cualquier definición malintencionada que hagan de nosotros, con tópicos tan burdos como señoritos o riquillos  perdiendo el tiempo.

La pasión por la mar no es patrimonio de nadie, como nos ha querido hacer ver la administración marítima desde siempre, poniendo trabas por doquier. Los que navegamos a vela o motor lo hacemos por placer, diversión y porque es un derecho constitucional; algunas veces, como en este caso, también navegamos en defensa de nuestro país, convirtiendo un día de mar en una experiencia extraordinaria no buscada; da lo mismo que lo denunciemos desde lo alto de un gran yate de motor, o desde la borda apenas elevada de un barquito de vela olímpica. Miremos siempre a la mar, y detectemos sus peligros; pueden venir de cualquier lado. Un día de placer, puede convertirse en toda una aventura vital que marcará tu vida para siempre.

LA ABUELA DE LOS MARES

Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 19-01-2012

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LA ABUELA DE LOS MARES

Hace poco nos dejó la mujer de más edad que cruzó el Atlántico en un pequeño barco de vela. Se llamaba Mary Helen Graham, y había nacido en 1912 en Portsmouth. Falleció a los 92 años, tras navegar con 89 años junto a su hijo desde Inglaterra al Caribe. Se apasionó con la vela a los 11 años, cuando comenzó a acompañar a su padre, un experto navegante y diseñador naval de la Armada que, en sus ratos libres, realizaba importantes travesías; al extremo de ostentar el récord del Atlántico hasta 1960: una extraordinaria hazaña que realizó en 1934, y sobre la cual escribió un conocido libro en el Reino Unido.

Se casó con un ingeniero de la Navy que le prometió que, en cuanto se lo pudieran permitir, construirían un velero lo suficientemente seguro para cruzar el Atlántico. Sin embargo, la II Guerra Mundial paralizó sus planes. Tuvo cinco hijos, y ya jamás encontró el tiempo para cumplir su sueño. Su marido murió en 1975 tras pasar juntos miles de horas costeando el Reino Unido. Helen era profesora de física y matemáticas. Tras quedarse viuda, formó un equipo de regatas al que llamaban las “Tres Abuelas”;

-Eran unas señoras tremendamente duras de pelar, -decían sus contrincantes-, y no te dejaban pasar si la maniobra no les favorecía.

Primero su padre, y luego su marido le prometieron que la llevarían a cruzar el Atlántico; pero por unas u otras razones no lo hicieron; en la travesía que realizó su padre batiendo el récord del Atlántico, era demasiado pequeña, y esa fue la razón que esgrimió para no llevarla consigo. Por eso, cuando su padre publicó un libro sobre su travesía, Helen se negó a leerlo. Sin embargo, tras llegar a Antigua con 89 años cumplidos, escribió en su diario:

-Todos los sueños se cumplen. Por eso, papá, te dedico esta travesía.

El pequeño velero de solo 26 pies de eslora -8 metros- de nombre Helen con el que realizó tal proeza era diseñó de su marido; lo habían construido hacía 64 años. Lo empezaron a armar con el dinero que les dieron los invitados a su boda a modo de regalo, a los que pidieron que lo hicieran de esa manera para tener los primeros fondos con los que empezar el barco. Desde la muerte de su esposo, el velerito permaneció varado en Devon, Dartmouth, aunque Helen lo visitaba de vez en cuando para achicarlo y comprobar sus amarras.

Una pequeña herencia que recibió de un familiar le permitió, más de sesenta años después, reparar el barco y pertrecharlo para su gran sueño. Embarcó con su hijo, empleando 26 días y 23 horas en la travesía entre el Solen inglés y Antigua.

-Fue un anhelo que se prolongó durante siete lustros -diría-.

Años antes, le habían realizado una operación de cadera, y, con frecuencia, tenía que moverse en silla de ruedas. Sin embargo, en cuanto la subían a su velero, se movía con los brazos y lograba dominar el barco templando drizas y escotas. Tras desembarcar, aseguraba:

-Cuando estoy en mi velero me quito 20 o 30 años de encima.

En el libro que publicó tras su travesía, titulado Trasatlantic At Last,  en sus páginas finales dijo:

-No prestéis oídos a los pesimistas; lo que queráis hacer, hacerlo. Siempre habrá alguien que os diga que aquello es demasiado difícil, o demasiado fácil; o muy peligroso; o que eres demasiado vieja o demasiado joven para llevarlo a cabo. El tiempo nunca nos viene bien; así que, mi consejo es sencillo: embárcate y hazlo.

La celebre navegante inglesa Helen McArthur, le rindió homenaje en 2002 cuando la nombraron la mejor regatista de Inglaterra: ella dijo que no era cierto, que la más grande era la otra Helen, la abuela de los mares.

DOVE, UNA VUELTA AL MUNDO CON 17 AÑOS

Publicado por pipesar | Categoría Sin Categoría | Fecha 18-08-2011

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DOVE, UNA VUELTA AL MUNDO CON 17 AÑOS

Se llama Robin Lee Graham y nació en  los Estados Unidos para protagonizar una de las páginas más bellas de la navegación en pequeños veleros. Con tan solo seis años su padre le introdujo en el mundo de las escotas. Navegó por el Pacífico con su familia durante tres años. Por eso, con solo 16, se sintió preparado para zarpar del puerto californiano de San Pedro y surcar durante cinco años todos los mares del mundo. Su barco tenía ocho metros de eslora y costó 8.000 dólares. Robin navegaría 33.000 millas náuticas –unos 60.000 kilómetros-. Un año antes,  trató de emprender con dos amigos y sin el permiso de sus padres la misma aventura desde Hawaii: les dejó esta carta:
“Querido papá, siento marcharme sin decir adiós, pero si te lo hubiera dicho no me habrías dejado partir. Quiero darte las gracias por haberme criado como lo has hecho. Creo que ningún padre lo habría hecho mejor. También siento haberme llevado alguna de tus pertenencias. No os preocupéis por mí, pues todo saldrá bien. Os echo de menos y os quiero mucho. Besos y abrazos”
Palabras que marcaban una gran madurez y determinación  pero que, sin embargo, le incitarían a posponerlo. Pero la firmeza de Robin por circunnavegar el globo se convertiría en una obsesión. Él no sabía demasiado de matemáticas y literatura, pero conocía mejor que nadie los secretos de los océanos. Por ello, su familia acabó por acceder, ayudándole en todo, a partir de ese momento.
Corría el año 1965, y los chicos que amábamos la mar apenas nos atrevíamos a separarnos remando unos cientos de metros de la orilla. Por eso, cuando me hice en Francia con una revista que anunciaba la aventura que iba a emprender Robin y su Dove, no pude menos que soñar y emularlo en las dársenas cercanas al pueblo de Plenzia en el que pasaba los veranos. En aquellos lejanos días no era posible saber demasiado de lo que acontecía fuera, y nuestro vecino del Norte se convertía en la única fuente de información, a modo de un lejano y primitivo Internet.
Con el paso de los meses me enteré que la prestigiosa revista National Geographic publicaría las diferentes etapas del viaje, narradas por su protagonista.  Así que, cada mes, esperaba con ansia la lectura de aquellas páginas tan difíciles de encontrar, que mi profesora de inglés me iba traduciendo a modo de ejercicio.
Aquel chaval, solamente tres años mayor que yo, hablaba de libertad, de independencia, como una continuidad de los mensajes que nos llegaban solo de refilón de los países más desarrollados,  lanzados por una nueva “especie” llamados hippies, en las protestas que protagonizaban contra las guerras y la represión.  Las navegaciones de Robin se convirtieron rápidamente en emisarios de libertad. En dardos de sueños imposibles todavía para los jóvenes españoles, pero que empezaban a marcar surcos de esperanza.
Navegó en solitario en su pequeño velero de California a Samoa. De allí, hasta Nueva Guinea, pasando por Australia y el cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, para cruzar después el Atlántico hasta el mar Caribe. Para concluir su vuelta a la Tierra, tuvo que cruzar el canal de Panamá y ganar de nuevo California tras subir unas cuantas millas por el Pacífico. Perdió el palo una vez, fue abordado por un mercante, y sobrevivió a todo tipo de contrariedades marineras.
Y como en toda aventura que se precie, en una de aquellas lejanas islas conoció al amor de su vida, lo que provocó que, en varias ocasiones, Robin dudase si continuar.  Sin embargo Patti se convertiría en el verdadero motor de sus velas, y, gracias a ella, lograría concluir su extraordinaria aventura. Y como muestra de su historia de amor, y tras 46 años de vida en común, siguen juntos en su casa de Montana, donde se convirtió en un experto carpintero. Desde las bellísimas montañas de ese estado norteamericano, y para no sentir complejo, debió recordar las palabras que él mismo había leído en la tumba del famoso escritor de los mares Robert Louis Stevenson en Samoa: “En su lugar está el marino, en su lugar procedente de la mar, y en su hogar está el cazador, procedente de la colina”.
El libro que publicó en 1972, titulado Dove, editado en España por Grijalbo en 1980, se convertiría en otra referencia para los navegantes en pequeños veleros, y desde luego en una nueva inspiración para los jóvenes españoles que hicimos de la mar nuestra vida, y de la libertad nuestra bandera.

NAVEGANTES A LA FUERZA

Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 28-05-2011

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NAVEGANTES A LA FUERZA

Atravesar el océano Atlántico en los años cuarenta en un viejo velero de cien años de antigüedad en nada se parece a las placenteras travesías que ahora realizamos los marinos.
Entre los años 1948 y 1950, las gentes que transitaban por los puertos canarios observaban cómo, de forma misteriosa, iban desapareciendo del puerto gran parte de los barcos de pesca. Y, aunque todos intuían a dónde ponían proa estas viejas naves, nadie se atrevía a decirlo. La reciente Guerra Civil, el hambre, la falta de libertad y la persecución de los vencidos, fue la causa de que muchos españoles emprendiesen un viaje clandestino, similar al que ahora realizan las pateras, pero con la diferencia de que se embarcaban para una travesía de tres mil millas.
Venezuela era el lejano destino de estos frágiles barquitos repletos de hombres, mujeres y niños, en su mayoría canarios, aunque también viajaron de otras partes de España. Entre 6.000 y 8.000 personas cruzaron el Atlántico a bordo de estos pequeños veleros de pesca, que se movían entre el cielo y las olas desprovistos de cualquier aparato de navegación o sistema de seguridad. Muchas veces recordaban a barcos negreros, con cientos de personas hacinadas en pocos metros cuadrados.
Las goletas se compraban con el dinero aportado por los viajeros. Contrataban dos o tres marineros profesionales que, al menos, hubiesen navegado por las costas canarias. Las salidas se hacían de noche, cuando la Guardia Civil había concluido una ronda que todos conocían. Los viajeros esperaban escondidos en las playas del sur de las islas con sus maletas de cartón. Embarcaban por medio de botes. Después, protegidos por la oscuridad, ponían rumbo al oeste, hacia el lugar por donde se pone el sol; esa era su única brújula y referencia. A partir de ahí, les esperaban dos largos meses de padecimientos, hambre, sed, miedo y enfermedades; y, si tenían suerte, divisarían tierra. Nunca tenían la certeza de a donde llegaban, aunque está constatado que los lugares de arribada solían ser la costa norte de Venezuela, Isla Margarita, o el litoral comprendido entre la desembocadura del río Amazonas y la Guayana Francesa.
Sin embargo, cuando alcanzaban la tierra prometida tampoco lo tenían fácil, pues, fueron tantos los pailebotes que ganaron las costas venezolanas, que las autoridades tuvieron que poner coto a esta forma de inmigración clandestina, que provocaba malas relaciones con el siempre amigo de los dictadores Francisco Franco. Cuando nombraron presidente de la República a Chalbeau, las cosas se pusieron peor, pues los patrones de los barcos eran devueltos a España, al tiempo que la policía venezolana impedía el desembarco de unas gentes que llegaban sin fuerzas para huir tras tantas penurias padecidas. Fueron muchas las veces en las que estos “navegantes a la fuerza” tuvieron que embarrancar sus barcos para que no les obligasen a volver en ellos.
Durante las travesías, y como apenas había espacio para moverse, permanecían echados. Las camas eran de paja, y hacían sus necesidades por la borda. A los pocos días de embarcar, los chinches y los piojos invadían sus cuerpos, sin que pudiesen hacer nada para aliviarse. Comían gofio y frutos secos, y bebían un agua que, a medida que pasaban los días, se iba pudriendo.
En alguno barcos llegaron a embarcar doscientas personas, como fue el caso de la goleta Elvira: cuando la compraron le faltaban cuatro años para cumplir el siglo. Costó 300.00 pesetas. Tenía una eslora de diecinueve metros y una manga de cinco. El lastre se componía por treinta y seis toneladas de sal. En una bodega de apenas sesenta metros cuadrados vivían ochenta personas. En realidad sólo podían permanecer acostados, agobiados por el calor, el hedor y los piojos que se adueñaban de la paja. En el castillo de proa se habilitaban unos metros cuadrados para las mujeres y los niños. Navegaban a una velocidad de seis nudos, lo que venían a ser 140 millas diarias.
La Carlota protagonizó una de las fugas más sonadas, dado que embarcó a  más de doscientos pasajeros en apenas veinte metros de eslora. Tardó dos meses y medio en alcanzar el puerto venezolano de la Guaira. D. José Martín Rodríguez fue el patrón del barco más pequeño que consiguió la proeza de cruzar el Atlántico: se llamaba el Pepito: con treinta pasajeros a bordo, y sobre nueve metros de eslora llegarían al puerto de Carupano tras dos meses en la mar.
El Telemaco protagonizó otra gran escapada con sus 171 gomeros a bordo de un velero de veinticinco metros de eslora. El patrón y la tripulación fueron obligados a regresar a España. La Doramías, una vieja gabarra de puerto, a la que le habían colocado dos palos, fue la nave que D. Manuel Reina y sus hijos Federico y Enrique utilizaron para escapar de la miseria y la persecución. Amontonados unos sobre otros, 120 personas lograrían alcanzar las costas Venezolanas tras pasar tres larguísimos meses en la mar. En medio del Atlántico, y cuando ya no les quedaban agua ni víveres, fueron socorridos por el vapor inglés Triumh. Su capitán, Mr Devi, impresionado por lo que vio desde el puente, les ayudó con alimentos y ropas.
Entre los que no consiguieron llegar y murieron en el intento figuran los 200 embarcados en la Juanita. O los pasajeros del Piooner, la Magdalena, la Carmiña Sánchez, y otras más. Pero la lista de los fugados en velero es interminable: Alegranza, Arlequín, Colón, Dragón, Estrella Polar, Guanche, Soledad, así, hasta completar montones de madera vieja que, casi de milagro, lograron llevar a Venezuela a entre 7.000 y 8.000 personas. Allí, comenzarían esa nueva vida que tanto habían anhelado. Por eso, ahora que somos receptores de una inmigración parecida por nuestras costas, deberíamos poner en práctica la misma solidaridad que los venezolanos sintieron por nuestros compatriotas. A fin de cuentas, todos son navegantes a la fuerza.