LA ABUELA DE LOS MARES

Publicado por pipesar | Categoría Pipe Sarmiento | Fecha 19-01-2012

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LA ABUELA DE LOS MARES

Hace poco nos dejó la mujer de más edad que cruzó el Atlántico en un pequeño barco de vela. Se llamaba Mary Helen Graham, y había nacido en 1912 en Portsmouth. Falleció a los 92 años, tras navegar con 89 años junto a su hijo desde Inglaterra al Caribe. Se apasionó con la vela a los 11 años, cuando comenzó a acompañar a su padre, un experto navegante y diseñador naval de la Armada que, en sus ratos libres, realizaba importantes travesías; al extremo de ostentar el récord del Atlántico hasta 1960: una extraordinaria hazaña que realizó en 1934, y sobre la cual escribió un conocido libro en el Reino Unido.

Se casó con un ingeniero de la Navy que le prometió que, en cuanto se lo pudieran permitir, construirían un velero lo suficientemente seguro para cruzar el Atlántico. Sin embargo, la II Guerra Mundial paralizó sus planes. Tuvo cinco hijos, y ya jamás encontró el tiempo para cumplir su sueño. Su marido murió en 1975 tras pasar juntos miles de horas costeando el Reino Unido. Helen era profesora de física y matemáticas. Tras quedarse viuda, formó un equipo de regatas al que llamaban las “Tres Abuelas”;

-Eran unas señoras tremendamente duras de pelar, -decían sus contrincantes-, y no te dejaban pasar si la maniobra no les favorecía.

Primero su padre, y luego su marido le prometieron que la llevarían a cruzar el Atlántico; pero por unas u otras razones no lo hicieron; en la travesía que realizó su padre batiendo el récord del Atlántico, era demasiado pequeña, y esa fue la razón que esgrimió para no llevarla consigo. Por eso, cuando su padre publicó un libro sobre su travesía, Helen se negó a leerlo. Sin embargo, tras llegar a Antigua con 89 años cumplidos, escribió en su diario:

-Todos los sueños se cumplen. Por eso, papá, te dedico esta travesía.

El pequeño velero de solo 26 pies de eslora -8 metros- de nombre Helen con el que realizó tal proeza era diseñó de su marido; lo habían construido hacía 64 años. Lo empezaron a armar con el dinero que les dieron los invitados a su boda a modo de regalo, a los que pidieron que lo hicieran de esa manera para tener los primeros fondos con los que empezar el barco. Desde la muerte de su esposo, el velerito permaneció varado en Devon, Dartmouth, aunque Helen lo visitaba de vez en cuando para achicarlo y comprobar sus amarras.

Una pequeña herencia que recibió de un familiar le permitió, más de sesenta años después, reparar el barco y pertrecharlo para su gran sueño. Embarcó con su hijo, empleando 26 días y 23 horas en la travesía entre el Solen inglés y Antigua.

-Fue un anhelo que se prolongó durante siete lustros -diría-.

Años antes, le habían realizado una operación de cadera, y, con frecuencia, tenía que moverse en silla de ruedas. Sin embargo, en cuanto la subían a su velero, se movía con los brazos y lograba dominar el barco templando drizas y escotas. Tras desembarcar, aseguraba:

-Cuando estoy en mi velero me quito 20 o 30 años de encima.

En el libro que publicó tras su travesía, titulado Trasatlantic At Last,  en sus páginas finales dijo:

-No prestéis oídos a los pesimistas; lo que queráis hacer, hacerlo. Siempre habrá alguien que os diga que aquello es demasiado difícil, o demasiado fácil; o muy peligroso; o que eres demasiado vieja o demasiado joven para llevarlo a cabo. El tiempo nunca nos viene bien; así que, mi consejo es sencillo: embárcate y hazlo.

La celebre navegante inglesa Helen McArthur, le rindió homenaje en 2002 cuando la nombraron la mejor regatista de Inglaterra: ella dijo que no era cierto, que la más grande era la otra Helen, la abuela de los mares.

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